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¿Cuánto contaminan los cargadores y auriculares?

Pe_Jazztel
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¿Cuánto contaminan los cargadores y auriculares?

 

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Eliminar fuentes de contaminación es uno de los grandes retos de la industria de la telefonía móvil. Empresas, administraciones y consumidores están dando pasos en ese sentido. Además, estamos ante un proceso de aprendizaje en el que el afrontamiento de los retos se transforma en una mejora de la experiencia de uso, más consciente y responsable.

 

Una caja con menos accesorios

 

Empresas como Apple o Samsung se plantean dejar de incluir determinados accesorios de las cajas en las que los adquirimos. No obstante, en algunos casos podrían ser recibidos por el cliente de manera gratuita, si es que este lo pide.

 

En el fondo, estamos hablando de accesorios que, en general, son intercambiables. Los de nuestro viejo smartphone pueden servir para el nuevo y su vida media puede superar la del propio dispositivo. 

 

Tengamos en cuenta que gran parte del deterioro del propio móvil no se desprende del uso, sino de la obsolescencia tecnológica. Se quedan desfasados, no ofrecen las prestaciones actuales y los usuarios los renuevan.

 

Sin embargo, ello no debería llevar a reemplazar todos los accesorios, que no tienen un sistema operativo ni emplean aplicaciones sofisticadas. Utilizar los del móvil viejo puede ser más que suficiente.

 

Para ello, una parte de la batalla que hay que librar es la de la universalidad. El ejemplo más claro es el de los cargadores, que han vivido un progresivo proceso de confluencia a lo largo de los últimos años. Incluso se plantea el debate de introducir un único modelo de cargador por ley.

 

La contaminación invisible

 

El problema es que la contaminación que generan todos estos accesorios puede llegar a ser poco visible. Pesan poco, no abultan y muchas veces no se les presta toda la atención que merecen. De hecho, no pocos hogares todavía conservan una pequeña montaña de accesorios para móviles sin uso: desde los embalajes a las baterías pasando por cargadores, auriculares, selfie sticks, gimbals, etcétera.

 

Sin embargo, la realidad es que se trata de residuos muy difíciles de gestionar. Tienen componentes diversos que no siempre se pueden reciclar. Por lo tanto, una vez retirados de uso, acaban siendo reemplazados por un nuevo accesorio, que reclama la extracción de nuevos recursos naturales en un proceso, con frecuencia, poco sostenible.

 

Además, hay que ser muy cuidadosos cuando se desechan los accesorios del móvil. Tienen componentes químicos que, una vez se degradan, podrían terminar en la naturaleza y perjudicar al aire, al suelo, a las aguas y, en definitiva, a toda la vida que los rodea (incluidos los seres humanos, no lo olvidemos). 

 

Una vez más, el principal enemigo es el desconocimiento. Muchos usuarios almacenan o desechan más accesorios de los que necesitan, pero no dan importancia a su conducta. Desconocen qué hacer con un elemento que les parece insignificante al lado del propio smartphone. Incluso, no es raro que, si el usuario no usa el accesorio, termine por extraviarse.

 

Qué podemos hacer para acabar con este tipo de basura electrónica

 

La industria trabaja por reducir la dependencia de los accesorios. De hecho, el propio smartphone ya viene siendo una especie de ‘navaja suiza’ de dispositivos electrónicos. Gracias a él, podemos salir a la calle con un gran número de herramientas integradas en un solo aparato.

 

Pero algunos accesorios siguen cumpliendo su función. En esos casos, parece preferible otorgar a estas piezas cierto relieve. El usuario debe realizar una adquisición consciente e informada. Retirarlos de la caja es un paso en este sentido.

 

Las administraciones, por su parte, trabajan en elaborar protocolos y realizar seguimientos. Se busca la aproximación entre accesorios de distintas empresas, se diseñan procedimientos de retirada del residuo, etcétera. Además, se lanzan campañas para el mejor conocimiento del usuario, que tiene una responsabilidad en la adquisición y desecho del accesorio de la que debe tomar conciencia.

 

La basura electrónica no nos aporta nada y debemos seguir aunando esfuerzos para reducirla a su mínima expresión.

 

Por Gonzalo García Abad.

 Imagen | Siddharth Bhogra en Unsplash