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El lápiz óptico, un pequeño instrumento con grandes ventajas

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El lápiz óptico, un pequeño instrumento con grandes ventajas

 

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El lápiz óptico es uno de los periféricos más antiguos —de hecho, su historia se remonta siete décadas atrás— y, sin embargo, uno de los de mayor utilidad en la actualidad. Incluso algunos modelos de dispositivos conectados incorporan uno como complemento específicamente diseñado para ellos.

 

El desarrollo del lápiz óptico

 

Se trata de un dispositivo de entrada con forma de lapicero mediante el cual podemos realizar trazos, escribir, dibujar, señalar, seleccionar, etcétera, de una forma muy precisa. Lo que se busca es un instrumento que permita una interacción continua entre lo que vemos en la pantalla y lo que hacemos con nuestra mano.

 

En sus primeras décadas de vida, el lápiz óptico se destinó a equipos de sobremesa y otros de tipo profesional, como los que se emplean en la navegación aérea. Su principal limitación era que las pantallas solían estar dispuestas en vertical. De este modo, realizar un trazo en ellas era incómodo, algo así como escribir en una pared.

 

El desarrollo de los dispositivos móviles dio una nueva vida a los lápices ópticos. Ahora podemos, por ejemplo, posar nuestro smartphone o nuestra tablet sobre una mesa o, simplemente, sobre nuestras rodillas. Interactuar con estas pantallas a través de un lápiz óptico pasa a ser algo mucho más natural. Podemos hacerlo en vertical, pero también en horizontal. 

 

Otro aspecto que ha facilitado su difusión ha sido la evolución de las tecnologías de comunicación inalámbrica. Conectar un lápiz óptico a nuestro equipo o dispositivo es mucho más cómodo a través de bluetooth que con un cable que puede estorbarnos mientras movemos la mano.

 

En la actualidad se sigue avanzando en diferentes líneas, como tecnologías cómodas de carga; diferentes grosores e inclinaciones del trazo; sistemas que detecten cuándo estamos apoyando la mano en la pantalla; nuevos materiales para la punta e, incluso, opciones para reemplazarla; mejoras en diseño y ergonomía y la posibilidad de cambiar determinadas funciones con un toque en un botón lateral.

 

Ventajas del lápiz óptico

 

El lápiz óptico aporta un movimiento más preciso. Evita que nos coloquemos en el lugar incorrecto. Por ejemplo, en un smartphone  no es raro que al pulsar con los dedos una tecla del teclado, sin querer, acabemos pulsando una de las contiguas. Eso hace más manejables las pantallas de menor tamaño.

 

Además, permite acciones rápidas y naturales. La mayoría de las personas son capaces de escribir con mayor rapidez con un lápiz que con la pulsación de teclas con sus dedos, incluso aunque el teclado sea físico.

 

Con un lápiz óptico suficientemente fino, podemos realizar tareas precisas difíciles de llevar a cabo con los dedos, como firmar, dibujar, retocar fotografías o tomar notas manuscritas extensas.

 

Por último, es más limpio y mejora la visibilidad. Los dedos, con cada movimiento, acaban ensuciando un poco más la pantalla con grasa, polvo y otras partículas, lo que no solo mancha el dispositivo, sino que también llega un momento que reclama una buena limpieza antes de poder seguir viendo la pantalla.

 

Frente al ratón, es más ligero y manejable. Esas carencias hacen que el ratón haya centrado su empleo en los equipos de sobremesa frente a los dispositivos móviles. Por otro lado, resulta más útil en trazos complejos. Es más sencillo de soltar y volver a tomar cuando el trazo no es continuo.

 

De hecho, a pesar de que el ratón siga siendo uno de los dispositivos de entrada en equipos de sobremesa de mayor aceptación, algunos modelos de ratón (los llamados penmouse) vienen emulando las características y forma de los lápices ópticos. En definitiva, el lápiz óptico es un pequeño instrumento de gran potencial. En la era digital no todo se basa en tocar con los dedos.

 

Por Gonzalo García Abad.

Imagen |  jessica45 en Pixabay